Es una ciudad enorme y bella, llena de edificios altos y muchas luces, por todos lados hay flores y árboles, casi se puede decir que la selva está metida en las urbanizaciones. Puedes comer deliciosos perritos calientes con salsas increíbles en la calle, zumos de frutas tropicales y helados mimo's (ponen el cucurucho de nata suave en chocolate caliente y te lo comes de un chupetón de lo bueno que está).
La gente de allí es alegre y jovial, te hablan como si estuvieran chocando contigo sus copas de Aguardiente Antioqueño,
(licor licor típico y autóctono del territorio colombiano, elaborado con alcohol extrapuro procedente de caña de azúcar, mezclado y unido a esencias naturales de anís, se bebe seco y sin ningún tipo de mezcla). Son amables y cariñosos, bromistas pero siempre sanos.

Si alguna vez tienes un amigo "paisa" (apócope de “Paisano”, que define a uno de sus grupos humanos subculturales: los colombianos procedentes de varios departamentos, en este caso de Antioquia), lo tendrás para toda la vida porque hará todo lo posible por mantener los lazos, te llamará fielmente por tu cumpleaños, no se olvidará de tu familia y te echará de menos sinceramente. Palabrita del niño jesús.
En julio o agosto se celebra la "Feria de las flores" y es todo un espectáculo. Se trata de un desfile de "Silleteros" que cargan en su espalda una estructura en la que han insertado un tapiz de flores. Es una maravilla.






La sensación de belleza que te queda si vives en Medellín se mantiene intacta para toda la vida. A veces cierro los ojos y me imagino asomada al balcón de mi casa, respirando tranquila, observando la montaña al fondo y escuchando los ruidos de una ciudad llena de bondades.
Se lo dedico a Óscar.