23/4/10

¡Buenos días!

Hay mañanas 
que no huelen a nada 
ni a sol 
ni a sábanas pegadas.

Hay mañanas lentas 
que huelen
a árbol de cerezas 
hinchadas.

Pero las mejores mañanas 
son las que huelen
a besos
de galletas de menta.

21/4/10

La niña interior


Días atrás  me encontré contigo. Hacía tantos años que no te veía... estabas tal y como te recordaba, como si no hubieras crecido en todo este tiempo: el pelo liso, muy brillante, recogido con una horquilla a un lado de la frente, la cara pequeña, con una expresión dulce  -parecida a la tristeza- que empezaba en unos ojos repletos de pestañas negras y acababa en una sonrisa corta. 
Tuve la impresión de que no te sorprendió verme, que en realidad llevabas tiempo sabiendo que en cualquier momento yo podría aparecer, como si hubieras estado en ese mismo sitio eternamente sólo para que yo pudiera encontrarte. Sentí una punzada en el corazón, no de dolor, sí de alegría desperdiciada, porque tantos años sin saber de ti me habían privado del  gozo de vivir en paz. 
Cuando me acerqué a ti tuve el impulso de abrazarte y acogerte en mi cuerpo, pero antes te pregunté si eras feliz. 
¿Eres feliz?
Al hacerlo lloré, porque a una niña no se le pregunta si es feliz; las niñas prefieren salir al sol a jugar o hacer trenzas con lanas. 
¿Eres feliz? 
Me llegó la pregunta como si hubiera rebotado en un espejo, como si el aire me devolviera mis propias dudas. Y antes de poder responder ella siguió preguntando... 
¿Cómo sanarme?, ¿Cómo hago para sanarme?
-No lo sé pequeña, aprenderás a hacerlo- Pero preferí no decirte nada. Cogí tu mano y prometí que nunca más te dejaría sola, así por lo menos si la felicidad llegaba nos encontraría a los dos juntas.

Ahora siempre te llevo conmigo, no debí dejarte allí  sabiendo que no te gustaba estar sola.

Ilustración: Lisa Hurwitz

14/4/10

Percepciones



Ya te oigo. 
Suenas a versos, 
voces que vuelan 
música 
desde la otra habitación. 

Ya te siento, 
das calor. 

Me alargo para llegarte, 
estiro mis dedos 
que son milímetros, 
miniatura de tu mano, 
caricias pequeñas 
de regalo. 

Ya sé quién eres, 
he aprendido tu voz, 
tu tacto, 
tu rastro para encontrarte 
cuando resbale 
de mi mundo 
al tuyo.


Ilustración: Gabriel Pacheco