Tengo la cabeza demasiado grande. Eso es porque tengo dos
cerebros; uno para pensar cosas buenas y otro, aparte, para pensar
las cosas tristes. Tengo
el pelo muy largo, tanto que ya no sé dónde acaba. A veces me
llaman desde la otra equina para avisarme de que me he dejado las
trenzas por allí. Mis
ojos también son enormes, sin embargo, nadie me mira a los ojos. Soy
alta y tengo los dedos tan
delgados que me da miedo que se rompan. Dicen que soy fea pero yo no estoy segura de que eso sea verdad.
A veces, la gente habla por hablar. No me importa, no quiero ser de
otra manera porque entonces sería igual que los demás y eso sí que
es una faena.
Ilustración: Tesa González