
Necesitaría tres días seguidos con sus respectivos días y noches, con todos sus minutos contados en una playa vacía, de azul y mar imponentes, sola, para morirme de miedo entre las olas, para dejarme la piel en la arena, correr, escupir el alma, llorar, gritar hasta agotarme y entonces tenderme boca arriba, lo más extenuada que jamás me haya sentido, lo más vacía y seca posible. Volverme pequeña, insignificante y escuchar sólo los golpes de espuma, rendirme a la vida y llenarme de nuevo, hallarme en lo más simple y así quererme.
Volvería limpia a los muros, libre y recién estrenada. Ya no tendría que buscar más porque me dejé olvidada en la playa y el agua me arrastró a los mares como una prenda abandonada, devuelta al mar cuando al amanecer el pescador en su faena me encontrara ya sin alma.
Fotografía: Ricardo Sánchez Belmont
Volvería limpia a los muros, libre y recién estrenada. Ya no tendría que buscar más porque me dejé olvidada en la playa y el agua me arrastró a los mares como una prenda abandonada, devuelta al mar cuando al amanecer el pescador en su faena me encontrara ya sin alma.
Fotografía: Ricardo Sánchez Belmont