20/12/12

Los días sin Ana


 

Es un lugar inhóspito, muy pequeño y con los techos excesivamente altos. Hay una ventana por la que no entra el sol, pero sí el invierno. En las paredes hay varias fotografías coloridas que intentan ocultar los desconchones. Papeles, anotaciones, tareas pendientes y un calendario en el que se tachan los días que pasan. Allí hay que tener cuidado de no tropezar con algo. Pese a que el habitáculo está atestado, huele a vacío. Cuando Ana está, todo es diferente. No importa el desastre, ni el frío; ella es luz. Fran no puede soportar ver su silla vacía y con desesperación, visita su estancia una y otra vez, con ansias de ella. 
Un día Ana vuelve y trae consigo el tiempo que se llevó. Se sienta y espera, conteniendo su alma, a que Fran llegue. Cuando él entra y la ve de nuevo en su sitio, se acerca a la pared, arranca el calendario y se mete en el bolsillo los días perdidos. Se cogen de la mano y se van de aquel lugar reservado a la soledad.

Ilustración: Alejandra Acosta

1/10/12

Esperanza


¿Y si al final gana la vida?


Ilustración: Slawek Gruca. De nuevo, gracias al Baúl.

26/9/12

Minúscula vida


No debí consentirlo, no era natural que estuvieras tan encerrado. Pero la locura siempre es más fuerte que la lógica y en ese momento de negrura y zumbidos, la invasión de tu sonido y tu pequeña presencia me aliviaron el alma. Ahora ni estás aquí, ni estás en el cielo. Dónde te busco entonces. Vuelvo a quedarme quieta, a ser árbol, a ver si así te posas.

Ilustración: Nicoletta Ceccoli

8/9/12

Descanso


Por fin,
la noche vuelve
a dormir.


Ilustración: Majalis

29/7/12

La oveja negra


La oveja había nacido negra. Las demás colocaban pompones de lana blanca en su cuerpo y jugaban a la noche estrellada.


Ilustración: Isabel Martín. 

4/7/12

Peso pluma



La niña pluma
quería ser fuerte. 
Su deseo fue concedido. 
Desde entonces puede levantar el vuelo.


Ilustración: Alicia Varela


29/6/12

Mujer árbol




Fue 
árbol. Quieta.
Sin prisa, ni voz 
para la palabra
espera.


Ilustración: Majalis
Gracias al Baúl.
 

25/6/12

El último humano



Quiero ser el último. Quiero bailar como un loco, patalear, llevarme las manos a la cara, taparme los ojos, no ver, no ser más. Quiero olvidar al resto de la humanidad, mirarles desde arriba cuando no estén, desde lo alto, donde nunca he estado. Quiero quitarme la ropa que me abriga y calentarme la piel con el moribundo rayo de sol que quede al final. Ser el último de esta especie que nunca quise ser.


Ilustración: Patricia Metola.

13/6/12

Impuntualidad


Lo de aquella mujer no tenía remedio; nunca llegaba puntual. Había probado de todo: cambiar las pilas del despertador, usar relojes de cuerda, de arena, de bolsillo y hasta de sol. Era inútil,  siempre llegaba tarde a todo. Por suerte, también llegó tarde a su cita con la muerte.

Ilustración: Ana Juan

9/6/12

Menú del día



La curiosidad era insaciable. Buscaba por todas partes asuntos con los que alimentarse. Siempre quería más. Apetitosos platos de habladurías en vinagre, sugerentes postres con los flirteos del vecindario, dulces y salados chismes, cuentos recién horneados, líos en conserva...Un día, sin saber por qué, no quiso volver a comer. Con el tiempo supimos que le habían dado un bocado en su propia carne.

Ilustración: Nicoletta Ceccoli

6/6/12

Pregunta


¿Cómo diría un beso la palabra "boca"?

Ilustración: Faby

13/5/12

Nanas de media luna




A la nana nanita
que la niña se duerma,
le acune la noche
con sus dedos de plata.

A la nana nanita
que la niña beba
los dulces sueños
sin hondos pesares.

A la nana nanita
que baje la luna
a besarle los ojos,
se tumbe a su lado

no quiere estar sola.

Ilustración: Nicoleta Ceccoli


23/4/12

Razones



Porque las hojas de mi libro remueven el aire y me abanican palabras.
Porque no aguantaría un único final.
Para vivir cien años en cien páginas.
Leo...
porque no es suficiente con lo que he vivido. 

Ilustración: Patricia Metola 


20/4/12

Abril


Dónde está 
el agua de abril

a qué mes se fue,  a qué mar

 no llega

 este intenso y seco
polvo

que veo a través
de mis ojos.

Fotografía: Fran de la Cruz

30/3/12

La memoria del dolor

Más que sueño,
delirio.

Más que soledad,
destierro.

Allí donde el corazón
ha sido maltratado,

nada más rozarlo,

más que caricia,
desgarro.

Ilustración: Benjamin Lacombe

29/3/12

Fuente de luz


De pronto lo perdió.  Buscó por todos lados, pero sólo encontró los  restos resecos de una acuarela blanca, quebradiza, inservible. Sin él no era posible, decidió, y abandonó la afición que tanto le había gustado. 
Lo había perdido. La idea le rondaba como un dolor punzante, pues  sabía que el color blanco resulta de la superposición de todos los colores y esa certeza se le antojaba insoportable. El lienzo, como un sumidero de luz, permanecía negro en total ausencia de color. No había nada. Su pincel no podía pintar lo que no veía. Necesitaba deshacer el mundo partícula a partícula, distorsionar las formas, esfumar los bordes, inventar trazos y crear una pintura nueva. Pero necesitaba el blanco porque la oscuridad acabaría engullendo su ilusión. 
Lo encontró reluciente, fresco, brillante, donde siempre había estado; en el capricho de las nubes, en el frío de las mañanas, en el contraste de una noche estrellada. En la luz que emite la alegría de sus hijas y que al atravesar la risa, como si fuera un prisma, se descompone en hermosas carcajada de colores.
Su paleta estaba completa. Comenzaría pintando aquellos delicados lirios. 

Ilustración: Elena Odriozola

8/3/12

El lugar de la infancia



    Recuerdo la casa en la que vivía.  Era una casona antigua que había pertenecido a mis bisabuelos y que nosotros habitábamos como legado de nostalgia. Estaba situada en un valle, a unos kilómetros del pueblo, coloreada del verdor que caracteriza las montañas del norte de Extremadura. Se accedía por un camino empedrado, en cuyas juntas crecían yerbajos. Yo me entretenía imaginando los bordes de las piedras que apenas se veían; podían ser países o animales o caras. Siempre me gustó ese camino.
    La fachada dejaba al raso unos muros vigorosos, labrados con sillares irregulares, que  descargaban su peso en un porche de tres arcos. La robustez del exterior contrastaba con el ambiente cálido del interior de la casa. En las paredes colgaban multitud de hermosos platos de cerámica esmaltada, cuadros y retratos de la familia. Había alfombras por todos lados (¡yo volaba encima de todas ellas!), cortinas diáfanas en las ventanas que daban a un claustro de galerías porticadas en cuyas columnas trepaban, decididas, las hiedras. En medio del patio había una fuente que servía de estanque para mis peces: hojas secas, canicas de colores o simples chinarros.
    Allí crecí, rodeada de las viejas historias que habían sobrevivido a lo largo de los años, del olor a tierra y hierba mojadas, de juegos y de ilusiones.

Ilustración: Alejandra Acosta

Dedicado a todas las profesoras.
 

28/2/12

El columpio


Solía montar en el columpio con la idea de llegar lo más alto posible. Alzaba las piernas con la misma fuerza con que la tierra la traía de vuelta, pensando que en cualquier momento llegaría el impulso definitivo, aquel en el que nunca más tocara el suelo. Solo volar. Hacia el lugar que ella recordaba y que había dejado atrás, pequeño, cada vez más, hasta guardarse en el espacio más triste y mínimo de la memoria, que duele de veras, como duelen las cosas que se pierden para toda la vida. 
Apenas empezaba a rozar el cielo con la punta de los pies, sonaba el timbre que indicaba la vuelta a clase. Se acababa el recreo. Volvía sola a las aulas, todavía con la ligereza del aire en sus pasos. Al día siguiente volvería a intentarlo. 
Así pasó el tiempo, más cerca de las nubes que del mundo, comprendiendo que los juegos no pueden cambiar el destino, que lo más parecido a volar es caer. Dejó de soñar, pues no tenía sentido si ya no le servía para volver. Y cayó. 
Hasta que llegó él, con los ojos del color del cielo más intenso que jamás había visto, con su sonrisa honesta para devolverle el impulso.
Ahora lo sienta en su regazo y ambos, con un dulce y tranquilo vaivén, se mecen en el columpio que hay en el jardín de su casa, recibiendo en los ojos el sol bajo que anuncia el atardecer. Es tiempo para soñar, piensa. Y para vivir.


Ilustración: Faby

Con amor, a mi hijo.

20/1/12

El circo de las emociones



Sonaron. Hacía décadas que no sucedía. Era debido a la falta de entusiasmo del público que, movido por otros intereses, había dejado de emocionarse. Pero esa noche, gracias al acróbata, se produjo el acontecimiento. Todo sucedió con un triple salto mortal. Fue tal el susto que todos los allí presentes murieron mientras duró el ejercicio. El acróbata, hábilmente, cogió las almas que habían quedado suspendidas en el aire y mientras daba vueltas, las lanzaba a otros cuerpos al azar. Al terminar el salto, cada uno despertó con la sensación de ser una persona nueva.
El acróbata no pudo más que agradecer los aplausos.

Pintura: Marc Chagall